Utopía, distopía y ucronía

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En estos tiempos de coronavirus y Netlix, con horas libres para navegar en profundidad por los menús de sugerencias y por las categorías de la plataforma, descubrí que había varios títulos -series y pelis- agrupados bajo el nombre de «Distopía». Allí estaban films como la saga «Divergente» y la de «Los Juegos del Hambre» o series como «Los 100», «Colony» o «3%». Pero también estaban, para mi sorpresa, películas como «Regreso al Futuro», «Malditos Bastardos» o «Watchmen». Y es que una cosa es utopía, otra distopía y otra ucronía.

La palabra utopía viene de la obra homónima de Tomás Moro que, allá por 1516 escribió este libro en el que los habitantes de una isla, llamada Utopía, viven de forma pacífica y armónica, compartiendo sus bienes y cuidando unos de otros. Se trata de una «sociedad perfecta»  que funciona a las mil maravillas en todos los aspectos y que contrastaba, de forma clara, con la sociedad inglesa de la época.  Otro invento británico este de la utopía que, casi desde el inicio, se ha asociado a un plan ideal que es muy improbable o casi imposible que se lleve a cabo.

Para el cine y las novelas, la utopía no ha resultado tan interesante como las distopías, pero aún así podemos encontrar varias ejemplos en celuloide como la película de 2005 titulada «Robots», o la española «Eva» (2011),  en donde se nos presenta un 2014 donde los seres humanos viven acompañados de criaturas mecánicas en armonía.

En cuanto a literatura utópica, además de la mencionada obra de Tomás Moro, tenemos títulos como «Horizontes Perdidos», de James Hilton; «La Isla», de Aldous Huxley; o «El Fin de la Infancia», de Arthur C. Clarke, de la que también hay una miniserie.

DISTOPÍA

Si la utopía nos mostraba una representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras al bien humano, la distopía nos pone ante una representación fictica de una sociedad futura de características negativas que, en la mayoría de los casos, son causantes de la alienación humana. Es la otra cara de la moneda. Hay muchos tipos de distopías: feministas, ecológicas, tecnológicas, políticas…casi tantas como nuestra imaginación nos permita.

Tanto para el cine como para la literatura, la distopía ha sido (y será) una fuente inagotable de inspiración y así podemos encontrarnos con numerosos ejemplos de este género como «El Cuento de la Criada», en su versión literaria o de serie televisiva; «Los Juegos del Hambre», la saga «Divergente», «La Naranja Mecánica» o uno de mis libros y películas favoritas: «Farenhait 451». En esta novela de Ray Bradbury (y película del gran François Truffaut) se nos presenta una sociedad futura en la que los libros están prohibido y en las que, una suerte de «bomberos», se dedican a quemar cualquiera que encuentran. Entre la literatura distópica están también, por ejemplo, los libros de George Orwell «Rebelión en la Granja» y «1984».

UCRONÍA

La ucronía, por su parte, es una reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos. Sin duda es mi «género» favorito de los tres y, tanto en el audiovisual como en la literatura, contamos con ejemplos magníficos que no podéis pasar sin consultar.  Un caso paradigmático es la novela de Philip K. Dick «The Man in the High Castle», que ha dado también lugar a una exitosa serie en Amazon. El escenario que nos plantea es de lo más sugerente ya que la trama se desarrolla en un EEUU , quince años después de que las fuerzas del Eje hayan derrotado a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Otra obra ucrónica que me ha encantado es el libro de Harry Turtledove «Britania Conquistada», en el que se nos recrea una Inglaterra que ha sido conquistada tras el éxito de la Armada Invencible.

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