Los Tercios y el idioma (I)

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Los Tercios forman parte del imaginario colectivo de España. Son esa unidad militar que, durante casi dos siglos, dominó los campos de batalla de todo el mundo y afianzó el poderío de la Monaquía Hispánica en el orbe. No es fácil dar una definición rápida de qué era un tercio, pero la forma más sencilla de explicarlo sería decir que eran una unidad militar, más o menos equivalente a los actuales regimientos.

Estuvieron vigentes desde principios del siglo XVI hasta 1704 y su definitiva supresión en España llegaría de la mano de Felipe V que los convertiría en regimientos, siguiendo así el modelo militar francés. Aunque sufrirían muchas modificaciones durante los casi dos siglos que tuvieron de vigencia, inicialmente estaban compuestos por 3.000 efectivos divididos en 10 Compañías, estando 2 de ellas compuestas exclusivamente por arcabuceros. Las restantes serían Compañías ordinarias – de picas- y tendrían 150 coseletes -infantería con coraza ligera-, 50 arcabuceros y cien picas secas -soldados que portaban largas picas y ninguna protección a excepción de su morrión.

Pero no vamos hablar aquí de las batallas, las formas de combatir o la organización de los Tercios, sino que vamos a centrarnos en la estrecha y curiosa relación que su forma de vida y sus andanzas tuvieron y tienen en nuestro idioma. Son muchas las expresiones y palabras que utilizamos actualmente en el castellano que tienen su origen en estas formaciones militares y hoy vamos a hablaros de algunas de ellas.

CAMARADA

Aunque inconscientemente asociamos esta palabra a la Revolución Rusa su origen son los Tercios. Y es que en su organización diaria, sobre todo cuando tenían prolongar su estancia en un mismo lugar,  las Compañías de los Tercios se dividían, a su vez, en grupos de entre 8 y 10 soldados que compartían una misma estancia en la que cocinaban y descansaban: la cámara.

Y así, a esos soldados que compartían estancia y que además se daban entre ellos fe (juramento) de «sustentarse en la necesidad y en la enfermedad como hermanos» se les conocía como camaradas. Y en esencia su significado no se ha alterado hasta nuestro días porque la Real Academia define camarada como «la persona que acompaña a otra y come y vive con ella» o como el indiviuo que «anda en compañía de otros, tratándose con amistad y confianza».

UNA BICOCA

Esta es, sin lugar a dudas, una de esas expresiones que, cuado descubrí su origen, me dejaron más asombrado. La RAE define una bicoca como algo que se considera bueno y que se obtiene «por poco dinero o con poco esfuerzo». Un chollo, vamos.

El origen de esta expresión lo encontramos en la Batalla de Bicoca que, allá por abril de 1522, enfrentó cerca de Milán a los ejércitos de Francia (y la República de Venecia) con los de la Monarquía Hispánica, en el ámbito de la Guerra de los Cuatro Años.

Esta batalla (y la celebrada unos años después en Pavía) supusieron un cambio definitivo en la forma de hacer la guerra por el importante papel que en ella tuvieron las armas de fuego ligeras, en especial los arcabuces de la infantería española que, junto a la superioridad táctica de las tropas de Carlos V permitió una aplastante victoria de las tropas imperiales.

Para hacernos una idea de la magnitud de la victoria basta con observar los números. Del lado francoveneciano se apostaban cerca de 28.000 infantes, incluidos los reputadísimos piqueros suizos, mientas que en el bando de Carlos V los combatenintes no llegaban a 14.000. Las bajas, según las diversas fuentes, hablan de entre 4.000 y 8.000 del bando francés por ninguna o 1 del bando imperial. De hecho, sobre esa posible víctima imperial, alguna crónicas afirman que no se produjo por la herida de ningún arma, sino por la coz de una mula. O sea, un auténtico chollo.

BISOÑO
 
El término bisoño, que la Real Academia define como «nuevo e inexperto en cualquier arte u oficio», tiene también su origen en los tercios. Un origen además, ciertamente curioso.
 
El origen de la palabra está en Italia, de cuando las tropas españolas llegaban a reforzar las guarniciones estables de Milán, Nápoles o Sicilia. Al desembarcar, los jóvenes españoles recién alistados solían pasar bastantes necesidades, por lo que una de las primeras palabras que aprendían para comunicarse con la población autóctona era el verbo italiano necesitar (bisogno), que empleaban constantemente para tratar de conseguir comida, bebida o cualquier otro elemento indispensable (o no) para su vida cotidiana. Con el tiempo, el término se españolizó fonéticamente hasta la forma actual que todos conocemos.
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